lunes, 29 de noviembre de 2010

Mi vida es un tango aflamencado


Xavito está cocinando una de esas paellas al mejor estilo risotto dominguero que tan bien sabe hacer.

Mientras escucho una selección de grandes éxitos de Sabina, me acuerdo de Dany, justo cuando me pongo a escribir, comienza a rodar “Pongamos que hablo de Madrid”, él es un fanático empedernido de la Capital, camina sus calles como paseando por Plaza de Mayo, la Gran Vía es su cuna y Chueca su guarida.

Pienso muy seguido en lo que hubiera pasado si en lugar de una maleta marca exilio hubieran sido dos. Una con cara de susto, con barba y bigotes ocultando un semblante de pánico y placer a la vez, y la otra con sonrisa constante cubriendo el mismo sentimiento pero sin que nadie lo intuya.

Solo una maleta se vino a España, con millones de dudas, miles de certezas y unas ganas enormes de comenzar de cero, de desplegar las alas aprendiendo a volar otra vez, pero como pájaro huérfano, sin unos papás que me dieran a comer en el pico. Maravillosa, incomparable experiencia de la que no me quiero bajar, el vuelo es pacífico y placentero. Tan apacible que me encuentra en una terraza donde la brisa te renueva el cerebro, te seca la transpiración y te barre las colillas de viejos cigarrillos fumados que aún rondan por este cenicero de ideas truncas que a veces se dejan ver.

No me imagino en otro sitio que no sea este, el del atún con salsa verde que llega a nuestra mesa el sábado por la noche, el de las copas que suenan a campanas del Sacratísimo corazón de Jesús un domingo, llamando a misa de once. No me marea el placer, no tengo amnesia de mi Buenos Aires, ni de los mates con pizza fría en compañía de los míos. El placer es el mismo. El matiz lo pone la compañía. Años de soledad de hombre, de paredes de hierro para evitar que me descubran. Ahora que he entregado la llave de mi alma, que he indicado el camino hacia mi almohada, el placer es diferente, huele a paella con dulce de leche, a mezcla extraña pero benditamente armonizada con especias que dan el punto exacto.

¡Yo no me bajo ostia!. En Argentina, mis amigos me dirían que estoy en una nube de pedos, y esa es una expresión buena, explica un estado de nirvana, de algarabía constante, de neurona amarihuanada.

Huele bien en esta casa, el hornillo hoy sahuma hierbabuena, las cortinas color sol de mediodía se posan sobre el teclado pidiendo que abandone esta escritura, me acarician la cara y se van. Ahora suena Manu Guix, “En tres minuts”, la estamos ensayando con mi músico privado, el con su guitarra acústica y yo con mi voz. Mi primera canción en catalán, con acento argentino y alma universal, me encanta, me integra. En la primera reunión en casa de amigos la cantaré para robar una aprobación al público.

Me gusta ser aprobada, es parte de mi inseguridad segura, arriba del escenario siento que con facilidad se puede ser de aquí, de allá, del mundo, sin necesidad de luchar por tierras, y por todos esos motivos por los que se batalla constantemente. Ayer, mientras Xavito mojaba el pan en la salsita de perejil, limón y ajo, surgió este tema, el de las invasiones y los invadidos, tema que ignoro olímpicamente cuando se debate en reuniones de sabios, y que me explayo cuando hablo con mi oyente cercano y pensante, que aunque no coincide conmigo me respeta y alguna que otra vez hace suyas mis palabras.

Ummmmm..... como dicen las señoras Castelloneras, huele que alimenta fillia meva, he ido a ver como va la gastronomía de mi chico, y me caí de culo, así que dejaré de filosofar y colaboraré aposentando los individuales chinos de junco joven rojo, unos cubiertos de plástico del Ikea para no raspar el teflón de la paella, y nos sentaremos a disfrutar, un poco más.

Me ha llamado mi mamá, problemas, tiene una inflamación sacroilíaca y está haciendo reposo por orden del galeno, espero que se cure prontito, un poco de mimos y alguna inyección mágica y otra vez de pié, ella es un roble y no le gusta estar en la cama, además les tengo prohibido que se pongan mal has
ta que vaya en diciembre, no sea cosa que todos mis viajes sean de carácter ambulancia. No es posible.

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